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domingo, 22 de febrero de 2009

FREUD, MITÓGRAFO

Sigmund Freud se convierte de mitógrafo de no despreciable talento en su ensayo 'Sobre la conquista del fuego' ('Zur Gewinnung des Feuers'), y compara el acto de Prometeo, que roba el fuego a los dioses para ofrecerlo a los hombres, con el hecho histórico de un hombre que decide hacer renuncia a la satisfacción de un placer de tipo homosexual que venía dado en la extinción del fuego por la acción de la orina: las llamas serían vistas como símbolos fálicos a los que el hombre destruía con su propio poder viril; por eso señala que el mito prometeico (y otros similares) describen el momento en el que el Yo y el Super-yo sojuzgaron al Ello, el momento en que la razón y la moral apartaron a un lado aquel irrefrenable deseo de satisfacción de los instintos a los que el Ello nunca tuvo intención (ni necesidad) de poner obstáculo; con este paso el hombre creaba, por una parte, aquello que hoy conocemos como la civilización, y por otra, lo que constituye el principal mal de la sociedad civilizada: la neurosis; el castigo impuesto a Prometeo sería la clara muestra del rencor del hombre instintual ante el 'héroe' sacrílego; otro mito paralelo es el de la Hidra a la que da muerte Heracles, la Hidra es un monstruo con múltiples cabezas que crecen tras haber sido cortadas por Heracles, al final este consigue dar muerte a la criatura tras quemar su cabeza inmortal; el mito en sí no tiene relación con el de Prometeo hasta que se lo interpreta a la luz de psicoanálisis, si se invierten los significados aparece una criatura de fuego que es muerta por la acción del agua, es decir, justo la acción que había sido prohibida al hombre en el marco del mito prometeico; la explicación histórica que podríamos dar es que el mito de Prometeo dataría del tiempo en que el hombre comenzaba a manipular el fuego, cuando se produciría una reacción por la conservación de la llama para su perpetuación, prohibiendo la extinción de las cenizas con la orina, mientras que el mito de Heracles dataría de una época posterior, cuando la extinción del fuego se justificaría en casos de amenaza de incendios. En la segunda parte del ensayo 'Sobre la guerra y la muerte', ('Zeitgemässes über Krieg und Tod') nos habla Freud de nuestra actitud ante la muerte y de este tema extraigo yo algunas ideas muy interesantes que el austriaco nos desgrana con su habitual impasividad científica: el inconsciente de todos nosotros está convencido de nuestra inmortalidad, es por eso la dificultad que nos plantea el pensar en la idea de la muerte propia (no la ajena), así pues nos es imposible pensar en la idea de nuestra muerte, y en cuanto a la de los demás, intentamos por todos los medios apartarla de nuestras cabezas, como signo de la peor sensibilidad, este hecho hace que la vida se torne aburrida pues no osamos ponerla en peligro para nada, por lo que hemos de recurrir a la ficción para satisfacer esas renuncias: en el cine y la literatura aceptaremos aquello que en la vida real nos escandalizaría, el crimen, la muerte; durante la guerra, sin embargo, el contacto continuado con las escenas de violencia y muerte nos impide ya negar la existencia de esta, por lo que nuestra vida, ahora ya en continuo peligro, recobra importancia para nosotros -y yo me pregunto si no será esta la explicación al cambio experimentado por Sartre tras la segunda gran guerra-; Freud prosigue hablando de la muerte y refiere el hecho de que la muerte violenta forma parte del 'legado primordial de la humanidad', el hecho de que Jesucristo haya de pagar con su vida el pecado original demuestra, siguiendo la ley del Talión, que ese pecado debió ser un asesinato, concretamente un parricidio; la posición del hombre primordial debió ser la siguiente: aunque no podía imaginarse la muerte propia, experimentó sin embargo una gran pena al presenciar la muerte de sus seres queridos, aunque sintiera placer ante la muerte de sus enemigos, y creó la idea de los espíritus para hacer llevadera la idea de que tal vez la muerte también le alcanzara a él, suponiendo que en ese caso no significaría el definitivo aniquilamiento de la vida, los demonios nacerían posteriormente del sentimiento de culpabilidad que la satisfacción por la muerte del enemigo le producía, el miedo a los muertos es en realidad la expresión del remordimiento que siente ese hombre al haber dado muerte al enemigo; las ideas de la trasmigración de las almas, la vida anterior o la vida eterna serían otras formas posteriores de negar la muerte; Freud debe hacer tambalearse la conciencia de aquellos que piensan en la elevada moral del hombre, que ya desde un principio de su historia estableció aquella prohibición que reza 'No matarás', aunque sin embargo esto no demuestra sino todo lo contrario: no es necesaria la prohibición de aquello que no se desea profundamente, así pues, el código moral humano nos señala como 'descendientes de una generación de asesinos' que llevan el placer de matar en la sangre.

Jack!94

sábado, 17 de enero de 2009

ROSSEAU OR NOT ROSSEAU



Sobre Jean-Jacques Rousseau puedo decir que siento mayor admiración por su vida y cualidades que por su obra, puesto que si bien por la segunda no he sentido apenas interés no ha ocurrido igual con la biografía del hombre, que lejos de dejarme indiferente como la obra, me ha llenado de admiración; nace en Ginebra, hijo de un relojero y huérfano de madre, abandona el hogar paterno en plena adolescencia y pasa la juventud recorriendo Europa y viviendo aquí y allá de lo que va saliendo, se aloja algún tiempo en casa de un sacerdote fingiendo querer convertirse al catolicismo, después va viviendo en distintas casas acogido por todo tipo de damas, hasta que conoce a Thérèse le Vasseur, lavandera de París, ignorante, vulgar y poco agraciada, con la que vive hasta el fin de sus días, al parecer en completa felicidad, aunque no se casen hasta pasados veinte años; tiene cinco hijos que irá abandonando en hospicios; esta historia me hace recordar el caso de Heine, quien también se casó con una muchacha inculta, vulgar, hija ilegítima de una campesina, y con la que halló la felicidad, Mathilde la llamaba él, todo esto demuestra que para las mentes elevadas, la mujer resulta siempre fatal y tanto más cuanto mayor sea la preparación intelectual de esta pues es entonces cuando se produce el incesante choque de opiniones entre no y otro que avoca indefectiblemente en la continua discusión y en la disputa y por tanto en la infelicidad, y en cuánto puede este hecho ser mermado por la falta de cultura de la esposa no puedo yo ciertamente dar argumento alguno pues nada sé al respecto pero el sentido común y mi inclinación personal me hacen ser de la opinión que sostuvieron estos dos razonables pensadores.

De cualquier forma no consigo asociar a ese Rousseau que fue maestro de la penosa Revolución Francesa y que, por tanto, debía exaltar al hombre y la cultura, con los textos que de su mano salieron para decir cosas como que todo degenera en manos del hombre o que las ciencias son incompatibles con la virtud; si proponía al individuo entregado de vuelta a la vida natural e individual del ideal Robinson Crusoe cómo podía tener lazo alguno con la idea de aquella revolución de las masas que nos ha llegado a conducir a la vulgar estupidez de nuestros días.

(c)Jack!94

sábado, 8 de noviembre de 2008

VIDA Y OBRA


Toda obra de creación elevada que no esté acompañada por una vida del mismo nivel carece totalmente del valor que le habíamos supuesto por descubrirse entonces como falsa y fingida; admirar a Schumman por su música es admirarlo por su vida consecuente con esas ideas musicales, admirar a Schopenhauer por su filosofía es admirarlo por su coherencia al llevar una vida acorde con lo que predicaba, admirar la obra de un Kafka que expone con resignación la insignificancia del hombre ante la abrumadora fuerza del mundo exterior es admirarlo por haber llevado una vida exactamente coherente con eso, y por no haber hablado de una forma y vivido de otra; admirar también, si es que se tiene la preparación suficiente, a ese genio llamado Jean Genet es admirarlo por su obra y por su vida consecuente, lo mismo que podríamos argüir en defensa de Burroughs o Bukowsky; es por eso que me ha sucedido que al examinar la biografía de algunos a los que había llegado a admirar por su obra, y descubrirla mediocre, vulgar y en suma opuesta a sus prédicas, he cambiado mi admiración en desprecio, en el desprecio del engañado; esto se refleja sobre todo en los casos recientes, y tanto más cuanto más actual es el individuo; Billie Holiday suele ser acusada de haber vivido de una manera corrompida, de haber sido víctima del mundo de las drogas, hecho por el que moriría años después, pero qué se podría esperar de una mujer que cuando cantaba transmitía esa filosofía, esa forma de vivir, qué podríamos haber esperado, acaso verla algún día sumida en la opulencia de la por entonces pujante clase alta proveniente del mundo del espectáculo americano... esto hubiera sido una traición; ha habido algunos artistas contemporáneos de renombre que me han impresionado por su obra pero que después, sus propios actos me los han hecho detestar, esto ocurre sobre todo en uno de los medios más degradantes del arte, el cine, donde los espíritus débiles tardan bien poco en sucumbir, donde las primeras buenas intenciones se ven transformadas en vómitos y vacuidades muy pronto; existe una larga lista de estos detestables, entre los cuales citaré tan solo a modo de ejemplo a Win Wenders, que tras algunas colaboraciones con literatos alemanes (ej. Peter Handke) y algunos intentos de sublimizar el séptimo arte con filmes del tipo 'Der Himmel Über Berlin' se ha visto precipitado en estupideces sin número, en recreaciones de lo vulgarmente social, lo que el público descerebrado quiere ver, lo que, en fin, el imperio del dólar parece haberle exigido consciente o inconscientemente; otros detestables de este tipo no merecen ser nombrados siquiera, por ejemplo el joven y americano director de culto que, tras numerosas incursiones de su obra en terrenos ambiguos, ha terminado arrastrando su nombre por las pantallas de la televisión en creaciones aptas para todos los públicos o aptas para imbéciles (en el sentido estrictamente médico, por supuesto); y a quien salvar de la quema, me pregunto, pues en este absurdamente llamado séptimo arte apenas debería dejarse títere con cabeza; una pregunta final: tendremos que agradecer eternamente a nuestro queridísimo Fassbinder el haber muerto antes de que la triste decadencia le alcanzase, o por el contrario siempre habría sido fiel a su lenguaje... nunca lo sabremos, la muerte es el mejor medio de evitar la destrucción del hombre, al igual que el fuego en ciertos puntos del bosque es el mejor remedio contra el incendio devastador la destrucción del cuerpo puede en ocasiones representar su único medio de salvación.

©Jack!(n/a)

MONTAIGNE!

Foto: Jack!2007

Michel de Montaigne es uno de aquellos pensadores que merecen nuestra admiración desde el silencio de la distancia, en su castillo, entre los clásicos y observando a los hombres con la oblicuidad que la cima de su montaña y la de la propia historia le ofrece, pensando que el universo es algo más que una voluntad divina o una objetividad moderna, que es lo que la individualidad del hombre pueda ser capaz de pensar y crear y sentir; Montaigne toma como punto de partida para sus reflexiones todos aquellos temas que se le ofrecen a la mente sin despreciar ninguno sobre otro pues como él mismo asegura, cualquiera merece la atención de su interés sin importar si su conocimiento sobre la materia es suficiente o apenas superficial, ya que él se adentrará más o menos en las profundidades del río según sea su conocimiento del terreno; Montaigne fue uno de aquellos que pensaron que todo lo importante en el saber ya estaba dicho, era un gran admirador de la historia, lector empedernido de historiógrafos clásicos por lo que tal vez llegara a las conclusiones que Schopenhauer mantenía al pensar que la historia es una mera ilusión que siempre se repite, de modo que probablemente centrarse en el período clásico nos aporta una visión tan global de la historia como si tomáramos todas las etapas vividas hasta nuestros días; sus ensayos tienen la fuerza de aquello que ha sido concebido para uno mismo aunque es evidente que, en contra de sus palabras, Montaigne mostraba a sus allegados aquellos escritos conforme salían de su pluma, pero aún así carecen de la jactanciosidad y la petulancia que el escrito filosófico puede en ocasiones tener.

©Jack!

jueves, 6 de noviembre de 2008

EROSTRATO

Photo: ©Jack!08

Jean-Paul Sartre ha tenido dos formas de actuar en mí, por una parte como autor literario y por otra como filósofo, o quizás mejor decir que estas dos vertientes han sido en realidad las dos grandes formas de ver la realidad por parte de su propia filosofía que, como es sabido, puede dividirse en lo que llamaré la parte existencialista propiamente dicha, y lo que podríamos llamar la parte existencialista-comunista o como el mismo Sartre señaló: la parte del existencialismo humanista; y cabe aquí decir que aquella primera parte fue la que me cautivó en un principio, sobre todo al haber sido tomada desde la perspectiva literaria, es la que corresponde a su primera época, en la que predomina una visión individualista del universo en la que el hombre es "arrojado a la vida sin ser preguntado" y en la que el verdadero valor de una idea es aquel que sirve a la propia persona individual sin relación al resto de la sociedad, está allí aquella magnífica idea que nos asegura que toda verdad es suficientemente buena si lo es para uno mismo, o lo que es lo mismo, elevar al sujeto sobre el objeto, crear universos islas donde habita cada individuo, individuo que puede observar a los restantes universos islas donde no tienen por qué regir las mismas leyes que en el propio, el resto del mundo no tiene interés alguno para el primer existencialista sartriano que llega incluso a aborrecer al resto de la humanidad por constituir una constante fuente de corrupción de nuestro universo isla particular, léase lo que yo considero la obra cumbre de esta etapa, la narración "Erostrato" y piénsese en lo que he dicho, en una carta que Paul Hilbert, el imaginario personaje de la historia, escribe a "ciento dos escritores franceses" sintetiza algunas ideas claves, he aquí algunos fragmentos de esta carta:

"Muy señor mío: es usted célebre, y sus obras conocen tiradas de treinta mil ejemplares. Le diré por qué: porque usted ama a los hombres. Lleva usted el humanismo en la sangre. Es una suerte. Usted se siente henchido de satisfacción cuando está acompañado; le basta ver a alguno de sus semejantes, aunque no lo conozca, para sentir simpatía por él. (...) Supongo que le interesará saber lo que puede ser un hombre que no ama a los hombres. Pues bien, aquí me tiene, yo mismo, y los amo tan poco que dentro de un momento voy a matar a media docena. Tal vez se pregunte usted por qué SOLO media docena. Porque mi revolver no tiene más que seis balas. (...)"


y bueno, ya se sabe que cada cual puede hacer pensar lo que quiera a cualquier autor con solo tomar aquí y allá lo que le convenga de la obra de aquel, pero quien conozca la posición ideológica de Sartre en sus primeros años de filosofía que está sintetizada en su obra "El ser y la nada" sabrá que no se aparta de lo que yo aquí señalo, y por contra tenemos las palabras del propio Sartre ya maduro y habiendo sufrido los rigores de la gran guerra que un buen día aparece con su segundo manifiesto que pasaría a la historia con el nombre de "Crítica de la razón dialéctica", o aquella otra obrita llamada "El existencialismo es un humanismo", cuyo simple título ya nos muestra el radical giro que este buen hombre realizó con el paso de los años, presentándosenos ahora a través de otro cristal de distinto color y diciéndonos algo así como el viejo Donde dije Digo digo Diego, en pocas palabras que lo que había estado diciendo hasta entonces no había sido bien interpretado por el mundo, y que lo que él quería decir era en realidad todo lo contrario a lo dicho... en resumen, que él defendía ahora el humanismo en toda su magnitud, grandemente influido, evidentemente, por la corriente filosófica entonces más de moda, el comunismo, y aunque también yo en mis primeros pasos por el mundo de la filosofía sentí admiración por ese humanismo casi paralelo al cristianismo, ahora, mirando a través del prisma de la mente de un Erostrato moderno, la vuelta al redil marxista me parecía poco menos que insultante en boca de aquel señor francés que en su día rechazara el premio Nobel que le concedían sus amados semejantes .

©Jack!



APUNTES DEL SUBSUELO
(Zapiski iz podpol'ya)

DOSTOYEVSKI



















Dostoyevski nos presenta, como él mismo señala, a un hombre enfermo, a un hombre despechado, a un hombre antipático; los apuntes del subsuelo están firmados por una de esas personas que no forman parte del sistema que todos siguen, uno de tantos que permanecen en la sombra, una sombra para los demás (que no saben de su existencia) y también para él (que vive en ese mundo anodino de la contemplación, acaso rabiosa, de la sociedad); en la segunda parte se describe concisamente la vida de estas personas:

"Ya entonces mi vida era sombría, desordenada y solitaria hasta la hosquedad. No tenía amigos ni conocidos, evitaba hablar con la gente y me iba acurrucando cada vez más en mi madriguera."


después de estas palabras todo lo que yo pueda decir para pretender explicar la esencia del hombre del subsuelo estará irremisiblemente condenado al ridículo.
Las descripciones de la vida en la oficina del hombre del subsuelo son suficientemente descriptivas, así como el episodio de la fiesta ofrecida a Zverkov, quien es el ejemplo del opuesto al hombre del subsuelo, el afortunado en la vida en sociedad; en este episodio nuestro hombre se contradice internamente un ciento de veces, y lo vemos claramente adentrarse en el pantanoso terreno que lo ha de revolcar en el fango, sin que podamos hacer nada por evitarlo; la forma en que se humilla a sí mismo y es humillado por los demás durante la reunión nos muestra patentemente la única relación posible entre los hombres del subsuelo y el resto de los hombres, una relación condenada de antemano al fracaso, tanto por parte de ellos, que desprecian a ese insecto insignificante que es el hombre del subsuelo, como por parte de él mismo, que se desprecia a sí mismo por ser lo que es; ante tanta humillación no le queda otra salida a nuestro hombre que devolver la misma carta como pago, pero para ello ha de encontrar a alguien más desgraciado e inestable que él... Liza, la joven prostituta le servirá para sus propósitos: primero utilizará toda su capacidad para atraerla emocionalmente hacia sí, luego, tras invitarla a su casa, se vengará en la joven de los escarnios que él ha sufrido por parte de los demás... la sociedad es más fuerte que nuestro hombre, le ha pisoteado infinidad de veces... incluso Apollon, su sirviente es superior a él, insecto inmundo, y las ridículas ordenes del supuesto amo son obedecidas sin ganas, cuando no ignoradas, y siempre entre gestos despreciativos, ahora llega la débil joven, y aquí, el hombre del subsuelo, después de ponerse en ridículo un par de veces más, rompe el muñeco de trapo que es Liza y, tras herirla como él mismo ha sido herido en multitud de ocasiones (tal vez de una forma más cruel, como solo una persona habituada a ser herida puede hacer), la deja huir de aquella casa.
En unas palabras que me recuerdan sonoramente a las ideas de Cioran leo a Dostoyevski decir para acabar:
"Hemos nacido muertos y, durante largo tiempo, no hemos sido engendrados por padres vivos, cosa que nos agrada cada vez más."

©Jack!

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LA PLAGA HUMANA

"Hubo un tiempo en que eran innumerables la tribus de hombres que vagaban por la Tierra..., la anchura de la Tierra de profundo seno. Zeus, al notarlo, apiadado, decidió con su gran prudencia aligerar la Tierra, que todo lo nutre, de hombres, excitando para ello la gran contienda ilíaca, pues habíase decidido a que el número de hombres disminuyera por medio de la muerte. Por eso se mataban los hombres en Troya, cumpliendo la voluntad de Zeus.”